viernes, 11 de noviembre de 2011

Sabino Arana Goiri

Bibliografía

La selección bibliográfica que sigue se divide en tres apartados: el primero (literatura nacionalista) abarca las obras de los principales ideólogos y políticos nacionalistas hasta la Guerra Civil, sus testimonios y sus biografías; el segundo (literatura antinacionalista) incluye unos pocos trabajos de enemigos políticos del nacionalismo vasco, y el tercero (historiografía) recoge libros y artículos de historiadores aparecidos en los últimos quince años. Una información bibliográfica mucho más amplia se encuentra en mi «Bibliografía sabiniana: Sabino de Arana Goiri y el nacionalismo vasco de J.E.L.», Anuario de Bibliografía Vasca 1981, Diputación Foral de Alava, Vitoria-Gasteiz, 1983, pp. 77-110. Y para las fuentes históricas de este movimiento, es imprescindible la consulta del «Informe colectivo sobre Archivos, Bibliotecas y Hemerotecas para la Historia del nacionalismo vasco», coordinado por José Luis de la Granja y Juan Carlos Jiménez de Aberásturi y publicado en el Décimo Congreso de Estudios Vascos. Archivos, Bibliotecas y Museos, Eusko-Ikaskuntza, San Sebastián, 1988, pp. 619-703.

Literatura nacionalista.

Aguirre Lekube, José Antonio de: Obras completas. Sendoa, San Sebastián, 1981, dos tomos.

Amézaga, Elías: El primer Aguirre o el artífice del Estatuto y El primer Aguirre. Escritos (1904-1936), Idatz Ekintza, Bilbao, 1988, cuatro tomos.

Arana Goiri, Luis de: Formulario de los principios esenciales o básicos del primitivo nacionalismo vasco, contenidos en el lema «Jaun-Goikua eta Lagi-Zarra». Grijelmo, Abando-Bilbao, 1932.

Arana Goiri, Sabino de: Obras completas. Sabindiar-Batza, Bayona-Buenos Aires, 1965. (Reedición: Sendoa, San Sebastián, 1981, tres tomos).

Aranzadi, Engracio de («Kizkitza»): La Nación Vasca. Grijelmo, Bilbao, 1918. (Reedición: Verdes Achirica, Bilbao, 1931).

Aranzadi, Engracio de («Kizkitza»): La casa solar vasca. Casa y tierras del apellido. Edit. Vasca, Zarauz-San Sebastián, 1932.

Aranzadi, Engracio de («Kizkitza»): Ereintza. Siembra del nacionalismo vasco. 1894-1912. Edit. Vasca, Zarauz, 1935. (Reedición: Auñamendi, San Sebastián, 1980).

Basaldua, Pedro de: El libertador vasco. Sabino de Arana Goiri, Biografía histórica. Ekin, Buenos Aires, 1953. (Reedición: Geu, Bilbao, 1977).

«Bizkargi» (Manuel de Eguileor): Nacionalismo Vasco. Abando, 1936.

Blasco Olaetxea, Carlos: Conversaciones. Leizaola. Idatz Ekintza, Bilbao, 1982.

Camino, Iñigo: Nacionalistas (1903-1930). Alderdi, Bilbao, 1985.

Campión, Arturo: Discursos políticos y literarios. Pamplona, 1907. (Reedición: L. G. E. V., Bilbao, 1976).

Eleizalde, Luis de: Raza, Lengua y Nación Vasca. Bilbao, 1911 .

Eleizalde, Luis de: Nacionalismo vasco y regionalismo hispano. Iruña, 1916.

Elizondo, Mauro: Sabino Arana, Padre de las Nacionalidades. Correspondencia inédita de los hermanos Arana Goiri. Legajo Aranzadi. L. G. E. V., Bilbao, 1981, dos tomos.

Gallastegui, Elías de («Gudari»): Por la libertad vasca. En plena lucha. Verdes, Bilbao, 1933.

Ibarzábal, Eugenio: Manuel de Irujo. Erein, San Sebastián, 1977.

Ibarzábal, Eugenio: 50 años de nacionalismo 1928-1978. (A través de sus protagonistas). Ediciones Vascas, San Sebastián, 1978.

«Iben» (P. Evangelista de Ibero): Ami Vasco, Bilbao, 1906. (Reediciones: Bilbao, 1931; Buenos Aires, 1907 y 1957).

Irujo, Manuel de: Desde el Partido Nacionalista Vasco. Idatz Ekintza, Bilbao, 1982- 83, cuatro tomos.

Jemein, Ceferino de: Biografía de Arana- Goiri'tar Sabin e Historia gráfica del Nacionalismo. Bilbao, 1935. (Reedición: Geu, Bilbao, 1977).

Jesús M.ª de Leizaola. Primer consejero de Justicia y Cultura del Gobierno Vasco. Gobierno Vasco, Vitoria-Gasteiz, 1986.

«Kondaño» (Angel Zabala): Primeros años del nacionalismo, Alderdi, Bilbao, 1985.

Monzón, Telesforo: Hitzak eta Idazkiak. Jaizkibel, Zarautz, 1986, seis tomos.

Landáburu, Francisco Javier de: Obras completas. Ereintza Idatz Ekintza, Bilbao; 1980-83, cuatro tomos.

Landeta, Eduardo de: Los errores del nacionalismo vasco y sus remedios. Bilbao, 1923. (Reedición: Bilbao, 1931).

Larrañaga, Policarpo de: Contribución a la Historia obrera de Euskalerria. Auñamendi, San Sebastián, 1976-77, dos tomos.

Larrañaga, Policarpo de: Emakume Abertzale Batza. La mujer en el nacionalismo vasco. Auñamendi, San Sebastián, 1978, tres tomos.

Leizaola, Jesús M.ª de: Obras completas. Sendoa, San Sebastián, 1981, dos tomos.

Leizaola, Jemein, Kareaga: El nacionalismo vasco entre dos dictaduras 1930-1937. Alderdi, Bilbao, 1986.

La organización del Partido Nacionalista Vasco. Estatutos y reglamentos internos a lo largo de su historia. Alderdi, Bilbao, 1985.

Pelay Orozco, Miguel: Juan Ajuriaguerra. Su vida. Su obra. Su muerte. Idatz Ekintza, Bilbao, 1987.

San Sebastián, Koldo: Jesús de Sarría: Nacionalismo y heterodoxia. Alderdi, Bilbao, 1985.

Sarría, Jesús de: Ideología del nacionalismo vasco. Verdes, Bilbao, 1918.

Ugalde, Martín de: Biografía de tres figuras nacionales vascas. Arana-Goiri, Agirre, Leizaola. Sendoa, San Sebastián, 1984.

«Urkina, J. de» (José de Ariztimuño): La democracia en Euzkadi. Ensayo histórico-jurídico. Itxaropena, Zarauz, 1935. (Reedición: Ekin, Buenos Aires, 1942).

«Urrutia, Marcos de» (Manuel de Eguileor): Arana-Goiri'tar Sabin en la Historia de Euzkadi. Sabindiar-Batza, Bayona, 1954.

VV. AA.: Conversaciones sobre José Antonio Aguirre. Idatz Ekintza, Bilbao, 1983.

VV. AA.: Arana-Goiri'tar Sabin Omenaldia. Idatz Ekintza, Bilbao, 1984.

VV. AA.: Sabino Arana, Diputado. Fundación Sabino Arana, Bilbao, 1988.

Vignaux, Paul: Manuel de Irujo. Ministre de la Republique dans la Guerre d'Espagne. Beauchesne, París, 1986.

VV. AA.: José Ariztimuño «Aitzol». Biografía y rasgos mayores de su obra. Erein, Donostia, 1988.

VV. AA.: Leizaola, la lealtad del Viejo Roble. Fundación Sabino Arana, Bilbao, 1989.

Literatura antinacionalista.

Altabella Gracia, Pedro P.: El catolicismo de los nacionalistas vascos. Editora Nacional, Madrid, 1939.

Areilza, José M.ª de: «1865-1965. Otro centenario: Sabino de Arana y Goiri», Vizcaya, 1.° semestre de 1965, n.° 24.

Balparda, Gregorio de: Errores del nacionalismo vasco. Madrid, 1918.

García Venero, Maximiano: Historia del nacionalismo vasco. Editora Nacional, Madrid, 1945. (Reediciones: ibídem, 1968, 1969 y 1979).

«Hispanus»: El nacionalismo Vasco. Exposición y crítica de sus principios. Granada, 1952.

Olazábal, Juan de: Errores nacionalistas y afirmación vasca. San Sebastián, 1919.

Olazábal, Juan de: El sufragio universal, el nacionalismo y los fueros. San Sebastián, 1919.

Sierra Bustamante, Ramón: Euzkadi. De Sabino Arana a José Antonio Aguirre. Notas para la Historia del Nacionalismo Vasco. Editora Nacional, Madrid, 1941.

Historiografía.

Aranzadi, Juan: Milenarismo vasco. Edad de oro, etnia y nativismo. Taurus, Madrid, 1981.

Azcona, Jesús: Etnia y nacionalismo vasco. Una aproximación desde la antropología. Anthropos, Barcelona, 1984.

Azurmendi, Joxe: Arana Goiri'ren pentsamentu politikoa. Hordago, San Sebastián, 1979.

«Beltza» (Emilio López Adán): El nacionalismo vasco 1876-1936. Mugalde, Hendaya, 1974. (Reedición: Txertoa, San Sebastián, 1976).

«Beltza»: Nacionalismo vasco y clases sociales. Txertoa, San Sebastián, 1976.

«Beltza»: Del carlismo al nacionalismo burgués. Txertoa, San Sebastián, 1978.

Corcuera, Javier: Orígenes, ideología y organización del nacionalismo vasco (1876-1904). Siglo XXI, Madrid, 1979.

De Pablo, Santiago: El nacionalismo vasco en Alava (1907-1936). Ekin, Bilbao, 1988.

Elorza, Antonio: Ideologías del nacionalismo vasco 1876-1937. Haranburu, San Sebastián, 1978.

Fusi, Juan Pablo: El problema vasco en la II República. Turner, Madrid, 1979.

Fusi, Juan Pablo: El País Vasco. Pluralismo y nacionalidad. Alianza, Madrid, 1984.

García de Cortázar, Fernando: «La Iglesia vasca. Del carlismo al nacionalismo (1870-1936)», en VV. AA.: Estudios de historia contemporánea del País Vasco. Haranburu, San Sebastián, 1982, pp. 201-276.

Granja, José Luis: Sabino Arana Goiri. De fuera vendrá... Comedia en tres actos (1898). Teatro Nacionalista Vasco. Haranburu, San Sebastián, 1982.

Granja, José Luis de la: Nacionalismo y II República en el País Vasco. Centro de Investigaciones Sociológicas-Siglo XXI, Madrid, 1986.

Granja, José Luis de la: «El nacionalismo vasco ante la Guerra Civil», en VV. AA.: La Guerra Civil en el País Vasco. 50 años después. Universidad del País Vasco, Bilbao, 1987, pp. 53-88.

Mainer, José Carlos: Regionalismo, burguesía y cultura. Los casos de Revista de Aragón (1900-1905) y Hermes (1917-1922). A. Redondo Editor, Barcelona, 1974. (Reedición: Guara, Zaragoza, 1982).

Larronde, Jean-Claude: El nacionalismo vasco: su origen y su ideología en la obra de Sabino Arana-Goiri. Txertoa, San Sebastián, 1977.

Letamendía, Pierre: Nationalismes au Pays Basque. Presses Universitaires de Bordeaux, 1987.

Otaegui, Margarita: «Organización obrera y nacionalismo: Solidaridad de Obreros Vascos (1911-1923)», Estudios de Historia Social, 1981, n.° 18-19, pp. 7-83.

Payne, Stanley G.: El nacionalismo vasco. De sus orígenes a la ETA. Dopesa, Barcelona, 1974.

Ramos, Cipriano: «El nacionalismo vasco durante la Dictadura de Primo de Rivera», Letras de Deusto, enero-abril de 1985, n.° 31, pp. 137-167.

Solozábal, Juan José: El primer nacionalismo vasco. Tucar, Madrid, 1975. (Reedición: Haranburu, San Sebastián, 1979).

Tussell, Javier: Historia de la democracia cristiana en España. Edicusa, Madrid, 1974, tomo II.

VV. AA.: Basque Politics: a case study in Ethnic Nationalism. University of Nevada, Reno, 1985.

Martínez-Peñuela, Araceli: Antecedentes y primeros pasos del nacionalismo vasco en Navarra: 1878-1918. Gobierno de Navarra, Pamplona, 1989.

Sabino Arana Goiri

El nacionalismo en la «Dictablanda», la II República y la Guerra Civil (1930-1937).

En 1930, durante la «Dictablanda» del general Berenguer, el nacionalismo vasco resurge y se reorganiza. La mayoría de él apoya la reunificación de Comunión y Aberri en el nuevamente denominado Partido Nacionalista Vasco, que culmina en la Asamblea de Bergara (16 de noviembre), en base al mantenimiento de la doctrina aranista sintetizada en el lema JEL. Una minoría, procedente sobre todo de la Comunión, no lo acepta, pretende la renovación del nacionalismo y funda un nuevo partido, Acción Nacionalista Vasca (Manifiesto de San Andrés, 30 de noviembre), liberal y aconfesional, que se alía con el bloque republicano- socialista en las elecciones municipales de abril de 1931, que dan lugar a la II República. ANV fue un pequeño partido extraparlamentario, con alguna implantación en las zonas urbanas de Vizcaya y Guipúzcoa, que fracasó pronto políticamente (en las elecciones a Cortes Constituyentes de junio de 1931).Pero tuvo una actuación destacada en la lucha por el Estatuto de autonomía para Euskadi, que constituyó el eje de su acción política, hasta el punto de ser el partido vasco más estatutista de la época. Dentro del campo nacionalista, ANV supuso una novedad por muchos motivos: su no aranismo ni foralismo, su izquierdismo (moderado), su aconfesionalismo y liberalismo, su concepción unitaria de Euskadi, su apertura a los inmigrantes relegando el tema de la raza y su alianza con las izquierdas españolas (en 1931 y en 1936, ingresando en el Frente Popular). En varios de estos aspectos trazó el sendero por el que luego discurrió el PNV, con el que rivalizó y polemizó a menudo durante la República. Al final de ésta evolucionó hacia posiciones más radicales en la cuestión social y en 1936 aprobó un programa claramente anticapitalista, pero no marxista. En la Guerra Civil ANV combatió por la Euskadi autónoma (contó con un consejero en el Gobierno de Aguirre) y por la democracia española (tuvo un ministro en el Gobierno de Negrín). La II República fue la etapa de mayor esplendor del PNV, que creció extraordinariamente y llegó a ser el primer partido de Euskadi, aunque con problemas importantes como su muy desigual arraigo territorial, su estancamiento doctrinal, el rebrote de la disidencia aberriana (escisión de Jagi-Jagi) y su crisis interna a finales de la República. A nivel ideológico, el PNV apenas se renovó pues mantuvo inalterable la doctrina de su fundador, contenida en el manifiesto de 1906 y el Acta de Bergara de 1930 y compendiada por Luis Arana en su Formulario de 1932, como programa oficial, si bien atenuó sus componentes más reaccionarios (racismo, integrismo religioso) y se preocupó mucho más por los problemas sociales adoptando postulados socialcristianos. En cambio, sí fue notable su evolución política, que le condujo desde su coalición electoral y parlamentaria con el carlismo en 1931 hasta su defensa de la República en la guerra junto con el Frente Popular y contra ese mismo carlismo, pasando por su posición centrista en las elecciones de 1933 y 1936, a las que acudió en solitario frente a derechas e izquierdas.

Esta evolución en un sentido democrático-liberal fue obra de la joven generación nacionalista de los años treinta, encabezada por sus diputados Aguirre (su líder más carismático), Irujo, Landáburu, Jáuregui, etc. Su estrategia política se centró en la consecución de la autonomía de Euskadi dentro de la República «integral» española, yendo primero con la derecha clerical y antirrepublicana (Estatuto de Estella, 1931 ) y al final aliándose con el Frente Popular (Estatuto de 1936). Su continua reivindicación autonomista le llevó a invertir sus alianzas políticas, rompiendo con las derechas y aproximándose a las izquierdas, lo que contribuyó a dicha evolución. Aun siendo la autonomía su objetivo inmediato, el PNV consideraba el Estatuto como un simple medio o un primer paso hacia su meta, que seguía siendo la restauración de los Fueros o la separación de Euskadi del Estado español, confirmando así su carácter bifronte, autonomista e independentista a la vez. El PNV fue el mayor protagonista del proceso estatutario vasco y el partido que más lo capitalizó políticamente, sobre todo en los comicios de noviembre de 1933, celebrados dos semanas después del referéndum autonómico. En la República logró éxitos electorales obteniendo seis diputados en 1931 , doce en 1933 y nueve en 1936, todos ellos por Vizcaya y Guipúzcoa salvo uno por Navarra (1931) y otro por Alava (1933). (Véase el cuadro adjunto). El auge del nacionalismo jelkide, especialmente en el primer bienio republicano (1931-1933), se refleja también a nivel organizativo, propagandístico y movilizador. Su enorme capacidad de movilización de masas se constata principalmente en los Aberri Egunas celebrados en las cuatro capitales vascas en los años 1932-1935, congregando a decenas de miles de personas. La amplitud de su propaganda se nota sobre todo en la prensa: el PNV dispone de cuatro diarios y una decena de semanarios políticos, un diario deportivo y varias revistas culturales, al mismo tiempo que controla diversas editoriales que publican numerosos libros y folletos nacionalistas. Su organización se extiende a casi todos los municipios vizcaínos y guipuzcoanos y a bastantes de los alaveses y navarros, siendo muy débil su implantación en la Rioja y la Ribera. En 1933 se dota de un completo Reglamento orgánico de carácter confederal y estatal, que hace de él un auténtico embrión de Estado. Y es que el PNV representa mucho más que un partido político; es un movimiento o partido-comunidad que arraiga en la sociedad vasca, sobre todo en Vizcaya y Guipúzcoa, a través de numerosos centros sociales (batzokis, euzko-etxeas) y organismos sectoriales que sirven para encuadrar a las mujeres (Emakume Abertzale Batza), los jóvenes (Euzko Gaztedi), los montañeros (Euzko-Mendigoxale-Batza), los chicos (Euzko-Gastetxu-Batza), etc. (Cfr. los gráficos anexos a este artículo). La comunidad nacionalista vasca de los años treinta, hegemonizada por el PNV, no se redujo al ámbito político sino que abarcó también el mundo del trabajo y de la cultura. A nivel sindical, existía desde 1911 Solidaridad de Obreros Vascos (Euzko Langillien Alkartasuna), sindicato nacionalista con escasa implantación en sus dos primeros decenios de vida. En cambio, tuvo un crecimiento extraordinario en el primer bienio republicano, hasta el punto de contar con cerca de cuarenta mil afiliados (el 90 % de ellos en Vizcaya y Guipúzcoa) en su Congreso de Vitoria (1933), llegando así a igualar a la UGT socialista. Solidaridad de Trabajadores Vascos (nombre adoptado en dicho Congreso) era un sindicato católico y reivindicativo, pero no amarillo, y estaba muy vinculado al PNV, como prueba el hecho de que su presidente (Manuel Robles Aranguiz) y su vicepresidente (Heliodoro de la Torre) fuesen diputados del PNV en la República. Sus principales ideólogos fueron los «sacerdotes propagandistas» Policarpo de Larrañaga («Xabier de Bursain»), Alberto de Onaindía («Egizale») y José Ariztimuño («Aitzol»). En estos años STV arraigó no sólo entre los trabajadores industriales sino también entre los empleados, los pescadores y los campesinos guipuzcoanos y vizcaínos (Euzko-Nekazarien-Bazkuna y Euzko-Nekazarien-Alkartasuna). El PNV no consiguió crear una patronal nacionalista, pero sí participó en dos organismos de adoctrinamiento cristiano y patronal a los obreros vascos: la Agrupación Vasca de Acción Social Cristiana (AVASC) y su Universidad Social Obrera Vasca (USOV). El PNV protagonizó en buena medida el renacimiento cultural vasquista de los años republicanos, cuyo mayor impulsor fue «Aitzol», director de la revista Yakintza y promotor de certámenes literarios en euskera. El nacionalismo cultural abarcó asociaciones euskeristas (Euskaltzaleak, Euzkeltzale Bazkuna y su revista Euzkerea), la enseñanza en lengua vasca (Euzko-Ikastola-Batza), el teatro (el grupo Ol-dargi, la revista Antzertì), el folklore y el deporte vascos, etc. Los más destacados escritores euskéricos («Lizardi», «Lauaxeta», Barriola, Labayen, ...) fueron dirigentes jelkides. Tras la gran expansión política y organizativa de 1931-1933, el PNV se estancó y entró en crisis en 1934-1936, lo que se reflejó en su importante retroceso electoral de 1936. La principal, pero no la única, manifestación de esa crisis fue la separación del grupo aberriano de Jagi-Jagi, semanario bilbaino portavoz de la Federación de Montañeros de Vizcaya, a comienzos de 1934. Liderado de nuevo por Gallastegui, Jagi-Jagi se caracterizó por su radicalismo anti-españolista e independentista, su rechazo de la política posibilista y autonomista del PNV en la República, su anticapitalismo (que no socialismo) y su propuesta de unir a todos los abertzales en un Frente Nacional Vasco por la independencia de Euskadi, que no tuvo éxito en las elecciones de 1936. Por su pequeñez, este grupo no se presentó a éstas ni se constituyó en partido (a diferencia de su antecedente, Aberri). Pero contó con la simpatía de viejos nacionalistas de primera hora como Angel Zabala y Luis Arana. El hermano de Sabino se dio de baja del PNV en protesta por su alianza con el Frente Popular al ingresar Manuel Irujo como ministro en el Gobierno de Largo Caballero (25-IX-1936).

El estallido de la Guerra Civil obligó al PNV a decantarse por uno de los dos bandos en lucha pues la neutralidad era imposible. Si en Alava y Navarra (en poder de los sublevados desde el 19 de julio) adoptó una actitud de no oposición e incluso de contemporización con el golpe militar, lo que no le evitó la represión y la disolución de sus organizaciones por el general Mola, en Vizcaya y Guipúzcoa se posicionó inmediatamente a favor de la República y la democracia y en contra de la Monarquía y el fascismo (Euzkadi, 19-VII-1936), con el objetivo primordial de alcanzar al fìn la autonomía vasca, que estaba a punto de ser aprobada por las Cortes republicanas. Si en el verano del 36 luchó con escaso entusiasmo en la campaña de Guipúzcoa, desde la aprobación del Estatuto (1-X-1936) y la formación del primer Gobiemo vasco (7-X-1936), de coalición pero de hegemonía nacionalista (en el que controló la Presidencia y las cuatro Consejerías más importantes), el PNV se volcó política y militannente (con su ejército o Euzko Gudarostea) en la defensa del territorio vasco ofreciendo una resistencia tenaz a la ofensiva franquista sobre Vizcaya. Pero, tras la caída de Bilbao y la consiguiente pérdida de la efímera Euskadi autónoma (junio de 1937), su dirección (con Ajuriaguerra a la cabeza) optó por abandonar la lucha en Santander y negociar una paz separada con las tropas italianas aliadas de Franco, lo que terminó en el desastre de la rendición de los batallones nacionalistas en Santoña (agosto de 1937). Sin embargo, el ministro Irujo y el Gobiemo de Aguirre continuaron defendiendo la causa republicana hasta el final de la Guerra Civil en 1939.

En conclusión, en su primer medio siglo de historia, el movimiento nacionalista vasco, partiendo de Bilbao, se extendió por gran parte de la geografía de Euskal Herria, tanto en las zonas urbanas e industriales (en pugna con los monárquicos y los republicano-socialistas) como en las comarcas pesqueras y agrícolas (suplantando al carlismo en Vizcaya y, en menor medida, en Guipúzcoa), y llegó a constituir una amplia comunidad interclasista, nucleada en torno al PNV y a STV. Empero, aun con su fuerte desarrollo en la Republica, el nacionalismo no era hegemónico en Euskadi a la altura de 1936. Territorialmente, por su no excesivo arraigo en Alava y, sobre todo, por su extrema debilidad en Navarra (con sólo un 10 % de su electorado), el «Ulster vasco» (Blinkhorn). Políticamente, porque no representaba más que a un tercio del cuerpo electoral vasco, quedando los dos tercios restantes en manos de las derechas y las izquierdas no nacionalistas. Sindicalmente, porque la UGT, aunque perdió su hegemonía ante el avance de Solidaridad, siguió siendo el primer sindicato obrero del País Vasco, especialmente en Vizcaya, la provincia más poblada e industrializada. Culturalmente, porque, a pesar del resurgimiento euskerista, la mayor parte de la cultura vasca se expresaba en castellano y al margen del nacionalismo (los dos mejores escritores vascos, Unamuno y Baroja, eran decididamente contrarios a él). Y es que el País Vasco de preguerra se caracterizó por su intenso pluralismo político, social y cultural, como han puesto de relieve los historiadores Caro Baroja y Fusi.

Sabino Arana Goiri

De Sabino Arana a la Dictadura de Primo de Rivera (1903-1930).

Sabino Arana fue un líder político carismático en vida. Tras su muerte, ese carisma se transformó en la mitificación e incluso santificación de su persona por parte de sus seguidores. Este fenómeno, palpable en la literatura nacionalista, supuso la esclerotización de la ortodoxia aranista (basada en el primer Arana) y la pervivencia de elementos ideológicos mágico-tradicionalistas en el PNV (Corcuera). El antropólogo Juan Aranzadi ha definido al nacionalismo vasco como un movimiento mesiánico o profético, en el cual Sabino Arana desempeña el papel de mesías o redentor del pueblo vasco, enviado por la Providencia para librar a éste de su estado de postración, en trance de perecer, y salvarle no sólo nacionalmente sino también cristianamente. En este sentido, no es casual que el «Día de la Patria Vasca» (Aberri Eguna) se celebre siempre el domingo de Pascua de Resurrección desde 1932, porque la idea de resurrección o de redención está muy presente en un movimiento tan religioso como el nacionalismo aranista vasco. Además, éste es también -según Aranzadi- un movimiento milenarista, porque sueña con una «edad de oro» o paraíso perdido, que sitúa en el régimen foral y cuya recuperación proyecta hacia el futuro en una Euskadi independiente. Todo ello contribuye a explicar que el legado doctrinal sabiniano permaneciese inmutable, sin cambios importantes, desde la muerte de Arana hasta la Guerra Civil. El PNV mantuvo intactos la concepción de nación de su fundador y sus rasgos característicos mencionados, como corrobora el libro La Nación Vasca de Engracio de Aranzadi («Kizkitza»), su principal intelectual orgánico en los tres primeros decenios del siglo XX. Por ello, no resulta extraño que el manifiesto tradicional del PNV, basado en los principios del lema sabiniano JEL y aprobado en la Asamblea de 1906, estuviese vigente, con ligeros añadidos, hasta la Guerra Civil. Ello supuso que hasta entonces el PNV siguiese una orientación clerical y derechista (sus alianzas siempre fueron con católicos, monárquicos o tradicionalistas, nunca con republicanos, socialistas o comunistas) y rechazase todo intento de evolución interna hacia la izquierda liberal y aconfesional, de modo que los nacionalistas partidarios de ésta se vieron obligados a escindirse del PNV y crear otros partidos. Tal fue el caso de los intentos de Francisco Ulacia, quien fundó dos efímeros grupos nacionalistas de carácter republicano y liberal en 1910-11, y de Acción Nacionalista Vasca (ANV) en 1930.

El hecho de que la ideología aranista permaneciese incólume no impidió que a la hora de concretarla en la práctica política surgiesen problemas en el seno del PNV. Su historia se caracteriza por numerosos enfrentamientos, escisiones y reunificaciones como consecuencia de la dualidad autonomía-independencia, constante del PNV que ha llevado al profesor Elorza a hacer de ella el leit-motiv de su historia. Esta dualidad se relaciona con las dos corrientes rivales existentes dentro del PNV desde 1898 y periódicamente en lucha por hacerse con el control del partido: los sabinianos radicales e independentistas, defensores de la ortodoxia del primer Arana y procedentes de la pequeña burguesía, y los burgueses euskalerriacos, más moderados, posibilistas y autonomistas. Su enfrentamiento se da ya en vida de Arana con motivo de su «evolución españolista» y se acrecienta tras su muerte, a pesar de que desde 1906 el PNV concreta su meta política en la reintegración foral, que permite la legalización de sus fines (la derogación de la ley española de 1839 que abolió los Fueros) y la coexistencia de los dos sectores jelkides (los Fueros son sinónimo de independencia para unos y de autogobierno dentro de la Monarquía española para otros). En la práctica, dicha coexistencia no es fácil y los conflictos internos se suceden. En los primeros años que siguen a la muerte de Arana, los sabinianos de Angel Zabala (cuyo portavoz es el semanario Aberri) predominan sobre los euskalerriacos de Sota (que cuentan con el semanario Euskalduna) y manifiestan su racismo (José Arriandiaga, «Joala»), su antiespañolismo (Santiago Meabe, «Geyme») y su integrismo religioso (el P. Evangelista de Ibero, «Iber», y su catecismo Ami Vasco). Pero a partir de 1908 la burguesía comienza a controlar el PNV y a seguir una vía posibilista, que le permite, gracias a su acuerdo con los monárquicos, alcanzar la alcaldía de Bilbao por real orden de Alfonso XIII. Llama la atención el hecho de que esta burguesía, que ostenta la dirección política del PNV, sea incapaz de alterar la doctrina aranista, arrumbando sus aspectos más arcaicos y míticos, más tradicionalistas y antidemocráticos, y de dotarle de un pensamiento más moderno, al estilo de la Lliga catalana. Como excepción, un intento renovador desde una óptica burguesa y urbana del nacionalismo vasco fue la revista cultural Hermes de Bilbao (1917-1922), pero el nacionalismo heterodoxo de sus intelectuales Sarría y Landeta no fue seguido por las masas nacionalistas. Luis Eleizalde («Axe») y «Kizkitza» (discípulos de Arana y directores de la revista y el diario Euzkadi, respectivamente) fueron los ideólogos que se encargaron de compatibilizar estos dos aspectos contradictorios, la ortodoxia doctrinal aranista y la praxis política autonomista, afirmando que la independencia no era un fin en sí mismo sino un medio, que más importante que la independencia de la nación vasca era su supervivencia y que, para ello, el nacionalismo debía anteponer la acción social y cultural a la política.

La coyuntura excepcional de la I Guerra Mundial, muy favorable para el nacionalismo vasco tanto económicamente («boom» del capitalismo vasco, sobre todo de las navieras de Sota) como politicamente (triunfo de las nacionalidades en Centroeuropa), trajo aparejados los primeros grandes éxitos electorales del PNV (sobre todo, en Vizcaya, donde controló el Ayuntamiento de Bilbao, la Diputación y cinco de los seis diputados al Congreso) y las primeras reivindicaciones de autonomía para el País Vasco en las Cortes españolas (1917-1919). En esos años se dio una alianza de las burguesías catalana y vasca, personificadas por Cambó y Sota, tendente a impedir la aprobación del proyecto de ley del ministro liberal Alba (para gravar los beneficios extraordinarios conseguidos durante la guerra) y a modernizar las viejas estructuras del Estado español de la Restauración por la vía de la descentralización administrativa y la autonomía política para Cataluña y Euskadi. Las juventudes del PNV (que se denominaba Comunión Nacionalista Vasca desde 1916) discrepaban de los planteamientos autonomistas del líder catalán Cambó y de algunos diputados jelkides (caso del navarro Manuel Aranzadi). Pero mientras al nacionalismo vasco le acompañó el éxito las disensiones internas no fueron graves. Todo lo contrario sucedió a partir del cambio de la coyuntura económica (crisis de posguerra) y política (derrotas electorales ante el monarquismo y el socialismo de Prieto en Vizcaya), en 1919-1921. Entonces las juventudes vizcaínas se enfrentaron abiertamente a la política de la dirección de Comunión, fueron expulsadas por ésta y formaron de nuevo el Partido Nacionalista Vasco, bajo el liderazgo de Elías Gallastegui («Gudari»), en el verano de 1921. A él se adhirieron Angel Zabala y Luis Arana, que había sido expulsado del PNV en 1915 por su germanofilia durante la Guerra Mundial. Los aberrianos (así llamados por su periódico Aberri) representaban a la pequeña burguesía radical e independentista y eran aranistas a ultranza (cfr. su manifiesto de 1921). Se preocuparon por la cuestión social más que los comunionistas, siguieron el modelo del nacionalismo irlandés (Sinn Fein) y organizaron grupos sectoriales (de mujeres, de montañeros, de teatro...). Condenaron la guerra de España en Marruecos por imperialista y apoyaron la alianza de los nacionalismos periféricos del Estado español para conseguir la independencia de Euskadi, Cataluña y Galicia (la Triple Alianza sellada en Barcelona el 11 de septiembre de 1923). La dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930) supuso la congelación de la acción política del nacionalismo vasco, que se refugió en actividades sociales, culturales y deportivas, impulsando un renacimiento cultural euskerista que culminó en los años treinta. La dictadura toleró a los nacionalistas moderados, los comunionistas (cuyo diario Euzkadi continuó publicándose), y reprimió a los radicales, los aberrianos: su diario Aberri y sus centros fueron clausurados, sus dirigentes fueron encarcelados o se exiliaron en Francia y en América. La resistencia del nacionalismo vasco contra el régimen dictatorial fue más bien simbólica y testimonial, muy inferior a la protagonizada por el catalanismo radical de Macià, con el que sólo colaboraron unos pocos aberrianos.

Sabino Arana Goiri

Sabino de Arana Goiri (1865-1903)

Sabino de Arana Goiri (1865-1903). El nacionalismo vasco surge en la última década del siglo XIX, en el marco histórico de la crisis de identidad vasca provocada por la abolición de los Fueros al acabar la última guerra carlista (1876) y de la profunda transformación socioeconómica que supone la revolución industrial de Vizcaya en el último cuarto del siglo XIX, con las consecuencias de gran conflictividad laboral (desde la huelga general de 1890), abundancia de proletariado inmigrante, aparición del socialismo, retroceso de la lengua vasca y de la religión católica... Todo esto agrava la crisis de la sociedad tradicional vasca, que se siente en peligro de muerte. La reacción contra ello, con un sentido agónico y providencialista, da origen al nacionalismo vasco, fundado por Sabino Arana en los años 1893-95 en Bilbao, la cuna de la industrialización, porque el primer nacionalismo vasco es un movimiento urbano protagonizado por las clases medias que se sienten amenazadas tanto por el gran capital industrial y financiero como, sobre todo, por el socialismo anticlerical y de base inmigrante. Sabino Arana, nacido en Bilbao en 1865 en el seno de una familia burguesa profundamente católica y carlista (que tuvo que exiliarse en el País Vasco francés durante la última guerra carlista), descubrió siendo joven, de la mano de su hermano Luis, la idea nacionalista, según la cual las provincias vascas no eran una parte de España sino que formaban una nación distinta que había sido independiente hasta 1839 (fin de la primera guerra carlista y primera abolición foral) y tenía derecho a volver a serlo. Tras dedicar varios años al estudio de la lengua y la historia vascas, Arana irrumpió en la vida pública en 1893 publicando un folleto histórico-político titulado Bizkaya por su independencia y el periódico Bizkaitarra (inicialmente no hablaba de Euskadi sino sólo de Vizcaya). Al año siguiente fundó el primer centro nacionalista, «Euzkeldun Batzokija», y el 31 de julio de 1895, día de San Ignacio de Loyola, el Partido Nacionalista Vasco, que él presidió hasta las vísperas de su muerte en 1903. Durante su breve vida política de diez años, Arana desarrolló una intensa actividad proselitista como periodista y escritor que, debido a la radicalidad de sus ideas nacionalistas y antiespañolistas, le acarreó varios procesos y dos estancias en la cárcel. Murió joven, a los 38 años, dejando una doctrina y un partido que se propagaron por el País Vasco a lo largo del siglo XX. La idea de nación de Sabino Arana no sigue la concepción francesa del siglo XIX, que identifica a la nación con el pueblo y considera que la voluntad de éste es necesaria para la existencia de aquélla, sino la concepción del romanticismo alemán, que hace de la nación una esencia suprapopular basada en la raza, la lengua, la religión o la historia, al margen de la voluntad popular. Si aquélla es una concepción liberal que arranca de la Revolución francesa, la germánica es conservadora y descansa en la tradición. Por ello, el primer nacionalismo vasco o aranismo se caracteriza por ser:

a) Esencialista: la esencia de la nación vasca es la raza; sin raza vasca no hay nación vasca; la raza vasca viene dada no por el lugar de nacimiento sino por la posesión de apellidos euskaldunes;

b) Providencialista: la nación vasca -como las restantes- fue creada por Dios desde la eternidad;

c) Tradicionalista: añora el pasado foral vasco y pretende la recuperación de los Fueros perdidos en el siglo XIX;

d) Teocrático o integrista: el nacionalismo vasco es profundamente católico, hasta el punto de que su finalidad última es lograr la salvación celestial del pueblo vasco (Arana: «Nosotros para Euzkadi y Euzkadi para Dios»).

La doctrina aranista, resumida en su lema JEL, Dios y Ley Vieja o Fueros, tiene dos pilares básicos: raza vasca y religión católica. Sabino Arana sueña con un futuro Estado vasco (al que denomina «Euzkadi» o conjunto de hombres de raza vasca, en lugar de Euskal Herria o pueblo que habla la lengua vasca), que será una Confederación integrada por las siete provincias vascas, independientes de España y Francia, y basada en la unidad de raza y la unidad de religión. Esta concepción trae aparejadas consecuencias importantes que marcan al nacionalismo vasco durante muchos años:

a) El antiespañolismo: Arana afirma que todos los males del País Vasco proceden de su sometimiento a España en el siglo XIX;

b) El antimaketismo: manifestación de xenofobia que se concreta en el rechazo de los inmigrantes venidos a trabajar a las minas y fábricas de Vizcaya en la industrialización y a los que les excluye de la nación vasca por no ser de raza vasca;

c) El antiindustrialismo y el ruralismo: el primer Arana critica el capitalismo por las consecuencias de la industrialización vizcaína, que considera nefastas para Euskadi y sus seguidores, aun siendo un movimiento urbano, sueñan con un mundo rural ideal, donde se conservan puras las esencias del pueblo vasco: el caserío, el euskera, la religión, la familia y las costumbres tradicionales (cfr. La casa solar vasca de «Kizkitza»);

d) El antisocialismo: Arana ataca al socialismo por ser «exótico» al País Vasco y ateo, esto es, doblemente antivasco;

e) El antiliberalismo: su concepción integrista de la religión se plasma en la condena del liberalismo por laico o enemigo de la Iglesia y en la exclusión de los liberales vascos de su movimiento y de su proyecto político para Euskadi.

La crisis española de 1898, por la pérdida de sus últimas colonias, coincide con el ascenso de los nacionalismos periféricos catalán y vasco, que cuestionan la unidad del Estado español. Si hasta entonces el nacionalismo vasco ha tenido un crecimiento lento y difícil y se reduce a Bilbao, ese año un sector de la burguesía vasca, encabezado por el gran naviero Ramón de la Sota (el fuerismo euskalerriaco), ingresa en el PNV y con su ayuda Sabino Arana logra salir elegido diputado provincial de Vizcaya por Bilbao. En adelante, comienza a evolucionar en su práctica política, que pasa a ser menos intransigente y más posibilista recibiendo el influjo de la Lliga Regionalista de Cataluña, y, en menor medida, en su pensamiento: atenúa su integrismo religioso y su antimaketismo, acepta la sociedad burguesa y capitalista. La «evolución industrialista» de Arana ve en la industrialización un nuevo factor de superioridad del pueblo vasco sobre el español. Estas transformaciones culminan el último año de su vida con la denominada «evolución españolista». En junio de 1902, estando en la cárcel, Sabino Arana propugna pasar del nacionalismo al regionalismo, sustituir el PNV por una Liga de Vascos Españolistas, renunciar al objetivo de la independencia de Euskadi e intentar conseguir una autonomía lo más amplia posible dentro del Estado español. Muchas y muy diversas interpretaciones se han dado desde entonces para explicar esta controvertida evolución, que rompía con sus planteamientos iniciales: desde que se trató de una mera táctica política para evitar la persecución gubernamental hasta que fue un momento de desfallecimiento o incluso de trastorno mental de Sabino (como apuntó su hermano Luis). El documentado estudio del profesor Corcuera vincula este episodio final con su evolución desde 1898 por influjo de los euskalerriacos, quienes pretendían legalizar los fines del PNV para facilitar su expansión y organización, lo cual suponía relegar el independentismo y optar por la vía autonomista, a semejanza del catalanismo. Lo cierto fue que Sabino Arana murió en 1903 manteniéndose en su fuero interno independentista y sin haber consumado la creación de la Liga de Vascos Españolistas, que fue postergada para siempre por su sucesor en la jefatura del PNV, Angel Zabala, partidario (como Luis Arana) del primitivo nacionalismo vasco y enemigo de su evolución.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Euskonews

XABIER ZABALTZA / HISTORIADOR Y ENSAYISTA
Para bien y para mal, la Vasconia actual no puede entenderse sin Sabino Arana}

Nacido en Tudela en 1966. Vive en Pamplona. Conoce a la perfección las callejas del casco viejo pamplonés así como el resto de Navarra, ya que sus pasos le han llevado por la Montaña y la Ribera. En esta entrevista, traducida del euskara, revela su pasión por el pensamiento y su deseo no disimulado de hacer pensar a los demás.
Su nombre se hizo más conocido con motivo del libro Gu, nafarrok (Alberdania; 2007).
¿Sí? No lo creo. Sinceramente, no me ha servido para conquistar muchas chicas.
¿Cuáles han sido la trayectoria y la repercusión del libro?
Estoy muy contento con el modo en que el público lo ha recibido. Me ha permitido confirmar lo que ya sospechaba: que los vascos no somos tan extremistas como solemos creer y que los últimos treinta años no han pasado en balde. Ahora se admite la crítica, si es razonada.
No obstante, el libro no ha tenido demasiada repercusión en Navarra, dado que está escrito en euskara. Cuando se publique la versión en castellano veremos si la sociedad navarra es tan “europea”. Yo tengo mis dudas.
¿Le ha aportado el libro lo que usted esperaba tanto en el ámbito académico como en el mundo de las letras en general?
El mundo del euskara es muy reducido, por lo que no esperaba gran cosa. Escribí mis libros anteriores en castellano porque pensaba que así llegarían a más gente, pero me ha sorprendido gratamente observar que existe una enorme curiosidad en euskara (casi diría hambre de saber). Creo que la mayoría de los vascos están aburridos de los eslóganes victimistas de siempre.
El mundo académico es otra historia. Aunque mi formación es académica, yo soy un outsider porque no trabajo en la universidad. Eso tiene su lado bueno, ya que me permite escribir con total libertad, mezclando temas, estilos y metodologías diferentes. Además, creo que mis libros (aunque no sólo los míos, por supuesto) pueden tender puentes entre la universidad y el resto de la sociedad, ya que se encuentran demasiado alejadas la una de la otra.
En una entrevista comentó que “en Navarra existe un enorme provincianismo”. ¿Podría comentar esa afirmación?
Las autoridades locales nos insisten una y otra vez que Navarra fue un gran reino y que nuestro régimen foral es único en el mundo. La gente sencilla está convencida de que no hay nada como los sanfermines y de que San Francisco Javier fue un hombre extraordinario. Los navarros (como el resto los vascos y de los españoles) deberían conocer un poco más la Madre Tierra, viajar y aprender idiomas. Quizá así se darían cuenta de que fuera de España casi nadie ha oído hablar de Navarra.
Xabier Lete compuso e interpretó la canción “Nafarroa, arragoa” (Navarra, crisol). ¿Qué es Navarra paraXabier Zabaltza?
Creo que Lete dio en el clavo. Para mí, Navarra es principalmente una carga. Woody Allen dijo algo parecido a esto en alguna película (no recuerdo en cuál): “Soy judío, pero puedo explicarlo”. Yo añadiría algo así: “soy navarro, pero puedo explicarlo”. ¡Qué remedio!
Su padre es de Pamplona y su madre de Tudela. ¿Qué es la Ribera para usted y qué debería ser para los vascos?
Yo en castellano siempre digo que soy de Pamplona, pero en euskara digo que soy de Tudela. ¿Por qué? Pues porque a la gente le sorprende ya que en Tudela no hay muchos vascohablantes. Yo nací en Tudela, pero luego no he vivido allí y solamente voy de vacaciones.
Xabier Zabaltza en Dubrovnik (Croacia).
Foto: Koko Vicente.
La Ribera para mi es un vínculo con la realidad. De Tafalla para arriba hay mucha tendencia a soñar y muchos Quijotes. La Ribera es Sancho Panza. Como dijo Malcolm X, “para bailar se necesitan las dos piernas” (él se refería a sí mismo y a Martin Luther King). Navarra tiene dos piernas: la Montaña y la Ribera, el vascuence y el romance. Lo uno carece de interés sin lo otro.
Su abuela materna es catalana y aún vive en Tudela y su abuelo fue miembro del PNV de Tudela. Son buenas referencias para un historiador.
Viví en Barcelona hasta los ocho años. Casi podríamos decir que mi infancia terminó cuando vine a vivir a Pamplona. Siempre he querido mucho a Cataluña y la he sentido muy cercana. Es un modelo para Vasconia: ha sabido defender su identidad y su idioma sin violencia.
Mi abuelo Joaquín fue del PNV en la época de la República, incluso aprendió algo de euskara. Las primeras ikurriñas que se vendieron en Tudela fueron las de la tienda de mi familia. Sin embargo, como muchos otros, mi abuelo se hizo falangista cuando le convino (no sé si fue para salvar el pellejo o no). Luego, claro, no tuvo demasiado interés en que se conociera esa parte de su vida. Mi madre se enteró por mí de las aventuras juveniles de su padre.
¿Cree que la Comunidad Autónoma Vasca y Navarra siguen los pasos de Cataluña y Valencia? ¿Son comparables ambos tándems?
En gran medida sí. Resulta sorprendente leer hoy a Teodor Llorente i Olivares, líder del Renaixença valenciana. Llorente fue senador del Partido Conservador y siempre estuvo en contra del catalanismo político, pero nunca negó que en Valencia se hablara catalán. Admitía, por tanto, la existencia de un vínculo cultural entre el Principado de Cataluña y el Reino de Valencia. Asimismo, si leemos a los primeros navarristas políticos, a Víctor Pradera, por ejemplo (y Pradera no era un conservador, sino casi un fascista), nos daremos cuenta de que se posicionaron en contra de la unidad vasca por razones políticas, pero que aún así no dudaban de que Navarra fuera parte de Vasconia.
¿Qué ocurrió en Valencia y en Navarra? Fundamentalmente dos cosas. En primer lugar, las elites, que se movían como pez en el agua en el sistema de la Restauración, se sintieron amenazadas por el surgimiento de los nuevos movimientos nacionalistas que cuestionaban aquel régimen de corrupción. En segundo lugar, tanto la Lliga Regionalista como el Partido Nacionalista Vasco actuaron en un único ámbito, relegando por razones tácticas al resto de los territorios que decían reivindicar a un segundo plano. Al surgir el nacionalismo político, Valencia podía convertirse en un anexo de Cataluña y Navarra en un anexo de Bizkaia y eso, para muchos, era inaceptable. Luego, con la Guerra Civil y el franquismo, en ambos casos se rompieron las relaciones entre “españolistas” y “nacionalistas”. Hasta ahora.
Es doctor en Historia y experto en nacionalismos. El actual nacionalismo político se materializó sobre la ideología de Sabino Arana. ¿Qué opinión le merece esta figura histórica?
Para bien y para mal, la Vasconia actual no puede entenderse sin Sabino Arana. El nacionalismo de Arana adolecía de errores garrafales: racismo, confesionalismo, rechazo de la democracia liberal, odio visceral a España, una actitud radical en torno al euskara que en realidad oculta el uso casi exclusivo del castellano, historicismo estéril, etc. Su nacionalismo no tenía mucho que ver con el nacionalismo catalán de la misma época. Actualmente se han corregido los dos primeros errores de Arana. El tercero está en vías de solución, aunque aún deberá salvar obstáculos muy serios. Llevará su tiempo superar el resto.
El navarro Arturo Campión fue contemporáneo de Sabino Arana. ¿Qué tipo de nacionalismo fue el suyo, si realmente fue nacionalista?
Sí, Arturo Campión era nacionalista. Así se definía, al menos: “nacionalista unionista” (es decir, “no separatista”).
Creo que hemos idealizado demasiado a Campión. Quizá porque solamente se conocen sus novelas históricas. Campión era tan racista como Arana (¿quién no era racista entonces?). Aunque en teoría consideraba el idioma más importante que la raza, en la práctica escribió en vascuence mucho menos que Sabino.
Xabier Zabaltza con el buda Amitabha en Kamakura (Japón).
Foto: Javier De Esteban.
¿A lo largo de la historia ha habido oportunidad de construir un nacionalismo que no fuera aranista?
El experimento de la Acción Nacionalista Vasca de la República fue muy interesante. Algunos de aquellos personajes son dignos de mención, como Horacio Echevarrieta, creador del lema “República y Fueros”,Francisco Ulacia, el primero que se refirió al derecho de autodeterminación, o Ramón Madariaga, quien redactara el anteproyecto de autonomía para los cuatro territorios de la Vasconia peninsular. Los miembros de ANV (entre los cuales cabe destacar el trabajo de Justo Gárate) intentaron reactivar y adaptar el legado de esos autores, pero llegó la guerra y todo se fue al traste. En los últimos años del franquismo y durante la Transición, José Miguel de Azaolapropugnó un nuevo tipo de “vasquismo”, diferenciado de la tradición sabiniana, pero la sociedad vasca estaba entonces muy polarizada y todavía no estaba madura para el punto intermedio que proponía Azaola. Estos hombres realizaron importantes aportaciones, pero escribieron casi únicamente en castellano. Todavía está por hacerse una síntesis entre el vaquismo político de la Vasconia peninsular, que en realidad funciona mayormente en castellano, y el vasquismo cultural, en euskara, de la Vasconia continental.
El suletino Agosti Xaho Lagarde fue anterior. Falleció hace siglo y medio, pero últimamente se le cita profusamente. ¿Qué le parece su pensamiento?
Xaho era un romántico. No era un intelectual, sino un “sentimental”, por lo que no se le puede pedir un pensamiento estructurado. En cualquier caso, en algunos temas ganó por goleada a Sabino: aceptación de la tradición liberal, ruptura con el catolicismo ultramontano, uso de un vascuence castizo, conocimiento de la literatura y del folklore, sentimiento claro de unidad vasca (alejado del “vizcainismo”, pero también del “navarrismo” y del “suletinismo”), etc. Por otra parte, hay ideas de Xaho que habría que dejar de lado, como por ejemplo la defensa de la pena de muerte o el desprecio hacia España (al fin y al cabo, era francés).
En este siglo XXI en el que vivimos, a menudo se habla de los derechos de los pueblos. ¿Podría usted comentar su afirmación de que “los derechos de un pueblo no se basan en su historia”?
Eso está relacionado con el provincianismo que he mencionado anteriormente. Si salimos de España, a nadie le importa si Vasconia fue alguna vez independiente o si Sancho III el Mayor fue rey de todos los vascos. Ese debate puede tener sentido en el mundo académico, pero no en el ámbito político. En el extranjero nunca me han preguntado si ha existido en la historia un estado vasco, sino más bien cuál es la voluntad de los ciudadanos vascos de hoy. El resto carece de importancia. A mi juicio, vascos, catalanes y gallegos (y murcianos, leoneses, etc.) tienen todo el derecho a la independencia, siempre que para conseguirla no utilicen la violencia. Yo solamente les pido que no manipulen la historia.
Alguna vez ha criticado el consumismo afirmando que vivimos en el Reino del Consumo y ahora estamos en plena crisis económica. ¿Cómo ve el ciclo económico actual en su contexto vasco?
Desgraciadamente, creo que mientras no solucionemos el “conflicto vasco”, la gente no se dará cuenta de que hay otros problemas mucho más acuciantes.
En esta situación surgen enfoques muy pesimistas, pero algunos creen que la crisis también tiene su lado bueno. ¿Usted qué cree?
No quiero parecer arrogante, pero entre mis amigos soy el único que no tiene coche. Como en muchos otros ámbitos, en el consumo de gasolina no encuentro grandes diferencias entre la izquierda y la derecha, entre constitucionalistas y abertzales.
A menudo hablamos del medioambiente y del Tercer Mundo, pero no vemos (o fingimos no ver) que nuestro nivel de vida es insostenible para ambos. Si todos los habitantes del planeta consumieran tanto como los vascos, la Tierra habría explotado hace tiempo.
Pondré un ejemplo de algo que me preocupa mucho. La guerra de la República Democrática del Congo (antiguo Zaire) se debe, en gran medida, al deseo de controlar las reservas de coltán, un elemento imprescindible para los teléfonos móviles del Primer Mundo. Hace unos años, Edward Zwick cosechó un gran éxito con su película Diamantes de sangre. Pues bien, creo que alguien debería rodar ahora Coltán de sangre. Si es con Leonardo DiCaprio, mejor que mejor.
Criticamos a los políticos, a los bancos y, por supuesto, a Estados Unidos, pero nadie está dispuesto a rebajar su nivel de vida (algunos no son capaces siquiera de dejar el coche en el garaje de vez en cuando). Yo creo que los ciudadanos también deberíamos cumplir el Protocolo de Kioto porque no toda la responsabilidad es de los gobiernos.
Mientras la crisis golpea a tantos, El Corte Inglés sigue lleno a rebosar. En Vasconia coexisten el Primer y el Cuarto Mundo (inmigrantes sin papeles, parados, gitanos, etc.). Debemos adaptar nuestra ideología a esta nueva realidad. Tenemos que ser más pragmáticos y dejar a un lado tanta hipocresía.
Para lograr la cohesión social. O quizá para construir una ética de la crisis.
Soy muy escéptico porque creo que no aprendemos. Superaremos esta crisis, pero caeremos en los mismos errores: mal reparto de la riqueza, consumo excesivo, destrucción del medio ambiente, etc.
Al hilo de la construcción de una ética de la crisis, recuerdo que al inicio de su libro Gu, nafarrok incluye la siguiente frase: “A todos los que aman la vida humana más que a Navarra, Vasconia o España”.
Luis Mitxelena afirmó que él era persona antes que vasco y, sobre todo, antifascista. Siempre he admirado a Mitxelena como lingüista y como ser humano y, por supuesto, estoy de acuerdo con él. Si para que Vasconia sea independiente tiene que morir una sola persona, a mí no me interesa. Si para mantener la unidad de España tiene que morir una sola persona, tampoco me interesa. Hoy mantiene toda su vigencia la máxima pronunciada por Sébastien Castellion hace quinientos años: “Matar a un ser humano no es defender una doctrina, es matar a un ser humano”. Todo lo demás se puede discutir.
Su libro tiene un final humorístico. Habla de Quino, el creador de Mafalda, e se refiere a una tira cómica de éste: un grupo de personas clamando “Nosotros somos el pueblo. Ellos son los enemigos del pueblo” y, muchos años después, unos turistas que vienen de visita preguntando “¿Qué había antes aquí?” y el guía, que les responde: “Un pueblo”.
Si echamos un vistazo a la historia de la Humanidad encontraremos guerras por doquier. ¿Quién se acuerda hoy del conflicto entre católicos y protestantes que provocó la muerte de cientos de miles de personas en toda Europa? Ahora no entendemos por qué católicos y protestantes no podían vivir juntos y en paz. Estoy seguro de que dentro de unos siglos, los historiadores se las verán y se las desearán para explicar por qué “constitucionalistas” y “nacionalistas” no podíamos vivir juntos y en paz. Alguien, no sé quién, dijo una vez: “El ser humano es un animal que se comporta racionalmente... cuando no le queda otro remedio”. Esas palabras le van que ni pintadas al Homo vasconicus.
La última línea de su libro reza: “De nobis fabula narratur”. A usted le encanta el latín. ¿Podría explicarnos qué significa?
Esa frase significa, más o menos: “Este cuento trata sobre nosotros”. Y sí, soy un enamorado del latín. En eso no estoy de acuerdo con Jon Mirande. El escritor suletino llamaba “latinajo” (latinkeria) a todo lo que no era de su gusto, pero hay que recordar que en la historia, el único estado que ha incluido a toda Euskal Herria ha sido el Imperio Romano, no el reino de Sancho III el Mayor. El latín es el “padre” de nuestros tres romances (el castellano, el francés y el gascón) y los primeros documentos de la historia vasca están escritos en esa lengua. De hecho, Euskal Herria antes de llamarse Euskal Herria, se llamó Vasconia.
Finalmente, ¿qué hay de nuevo por la capital de Vasconia?
¿Por Pamplona? Sin novedad en el frente. Las cosas están cambiando, pero muy lentamente. Tengo la esperanza de que las instituciones navarras terminen aceptando el vascuence con normalidad. Como cuesta lo mismo ser optimista que pesimista, prefiero ser optimista. Sin embargo, esa “normalidad” no será en absoluto el monolingüismo en euskara. En muchos lugares ni siquiera será el bilingüismo. La normalidad debe basarse en el respeto de las opciones lingüísticas y nacionales, tanto de vascohablantes como de castellanohablantes. Queda mucho para llegar a eso.